Una guarra de Tinder me hace un masaje con final feliz

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Llevaba tiempo chateando con una guarra de Tinder y tan solo era cuestión de tiempo que quedásemos para echar un polvo. Ella se hacía la dura y decía que no lo hacía en la primera cita, pero se ofreció a darme un masaje porque supuestamente los hacía muy bien. El día llegó y fui a su casa porque allí tenía montada la camilla, joder, en persona estaba mucho más buena y llevaba unos leggins blancos que le marcaban un culito de vicio. No hablamos mucho, me dijo que me tumbara en la camilla y de repente me bajó los pantalones y empezó a pajearme. Tímidamente quise tocarle el coño y ella misma me agarró la mano y la metió en su entrepierna, ¡su chochito estaba chorreando!…

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